lunes, 3 de julio de 2017

“¿Tenían ombligo Adán y Eva?” de Martin Gardner.

Terminé de leer “¿Tenían ombligo Adán y Eva?” de Martin Gardner. El autor reparte cañadestripa a los charlatanes de su tiempo, algunos de los cuales ni siquiera merecían ser desmontados, de tan desconocidos que resultan.

Llamó mi atención el capítulo sobre la inutilidad del psicoanálisis y su insistencia en interpretar los sueños en busca de un significado revelador. Me indignó el capítulo sobre aquél culto “Heaven's Gate”, que anunció la llegada de una nave extraterrestre tras el cometa Hale-Bopp, la cual los adeptos pensaban abordar despojándose de su cuerpo, cometiendo suicidio colectivo.

Me gustaron las reflexiones finales sobre la incapacidad del hombre para conocerlo todo, lo limitadas que son sus posibilidades y la soberbia que implica aspirar a un conocimiento absoluto:

"Consideremos el poquísimo tiempo que lleva la humanidad evolucionando en nuestro pequeño planeta. Parece improbable que la evolución se haya detenido en nosotros. ¿Alguien puede creer que dentro de un millón de años, si la humanidad todavía existe, nuestros cerebros no hayan evolucionado hasta mucho más allá de su capacidad actual? Nuestros parientes más próximos, los chimpancés, son incapaces de entender por qué tres por tres son nueve, ni ninguna otra de las cosas que se enseñan en la escuela primaria. Se hace difícil imaginar que dentro de un millón de años nuestros cerebros no puedan captar verdades sobre el universo que ahora están tan lejos de lo que podemos comprender como lo está nuestro entendimiento de la mente de un mono. Suponer que nuestros cerebros, en esta etapa del interminable proceso evolutivo, son capaces de saber todo lo que hay que saber, me parece el colmo de la soberbia." Martin Gardner.