miércoles, 5 de abril de 2017

La séptima temporada de TWD.

La situación de Rick durante esta temporada me pareció similar a “Old Man Logan”: hombre que tolera un agravio tras otro por temor a perder lo que ama, lo poco que le queda. Vive en un estado de sometimiento tal que sacrifica su dignidad y suprime su coraje. Es llevado a un punto en que no tiene nada qué perder, lo que detona su voluntad. Entonces ocurre su resurgimiento. Proceso que en el cómic se desarrolla y concluye muy bien cuando Logan vuelve a ser Wolverine. Pero en The Walking Dead estiraron ese proceso al punto que Rick resulta apático y causa desesperación.

Y no se me ocurre un castigo para Negan que compense todo lo que ha hecho. Matarlo rápidamente sería decepcionante. Que sea muerto por los caminantes sería insulso. Solo se me ocurre que sea confinado indefinidamente al mismo cuarto donde estuvo cautivo Daryl, prisionero, despojado de todo su poder. Y aún así es castigo insuficiente.

Temo que el clímax de esta temporada (el enfrentamiento con Negan) resulte flojo. Y aunque fuera algo épico, no reivindicaría la serie: un sólo capítulo bueno no compensa el resto de episodios monótonos. La caída de Negan se ha postergado demasiado y uno comienza a perder interés. Me parece tramposo que los guionistas esperen que la audiencia perdone toda una temporada soporífera por un final saturado de carga emocional.

Por otro lado, me encanta la frase insignia de la temporada: Rise Up. Levántate. Dos palabras bastan para dar cuenta de una voluntad desfallecida. Una frase imperativa que anuncia la determinación a que llega un hombre al que ya no le es posible descender más.