sábado, 10 de diciembre de 2016

Sueño de infancia.

No tuve un sueño definido cuando niño. Algo así como un sueño comenzó a fraguarse debido a mi temprana afición al dibujo. Entonces todos decían “vas a ser dibujante”. Así que ese fue un sueño que me construyeron los demás. Y no me parecía mal, pero jamás dí ese salto a decidir ser ilustrador profesional. Todo eso de ser dibujante o “artista” fue más bien un efecto Pigmalión frustrado.

Hace cinco meses mi novia debía entregar unas ilustraciones para la exposición de un curso que estaba tomando. No eran dibujos complicados pero sí laboriosos. Tardé toda la noche en hacerlos y aún sentí que pudieron quedar mejor. Al día siguiente, después de exponer el tema, mi novia me dijo que las ilustraciones le fueron de gran ayuda. Fue significativo porque en cierta forma, su satisfacción fue también mía. Digamos que ambos triunfamos ese día.

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