sábado, 7 de abril de 2012

En días aciagos...

Tener presente que, después de todas las derrotas y pérdidas, no se nos ha arrebatado todo. Nuestra más íntima voluntad permanece. Ella nos impulsa a aferrarnos y persistir aunque nos consuma el desánimo, recordándonos que siempre podemos influir en nuestras circunstancias, en apariencia inalterables.


"La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir"
Blaise Pascal.

viernes, 6 de abril de 2012

Locus externo.

Persiste una extraña superstición sobre el modo en que la vida se "conduce". Siempre que intento hacer cosas diferentes, en consecuencia ocurren otras contrarias, y me da la impresión de que la vida o algo en ella se opone a que yo realice esos cambios. Eventos que no se dan en otras circunstancias, sino que se presentan justo cuando determino ser o actuar de modo distinto.

Aún no logro discernir si esto es una mala interpretación de mi parte o si realmente la vida "opera" de ese modo. Jamás he hablado de esto con nadie, no sabría cómo ni a quién planteárselo. Pero es una circunstancia que me ha acompañado desde hace tiempo. No me molesta pero me intriga mucho.


"Cuanto más fuerte te vuelvas, más pruebas enfrentarás. Aunque tengas la elección de huir, la prueba encierra la clave para conquistarte a ti mismo". Ikaruga.

jueves, 5 de abril de 2012

Si mañana fuese mi último día de vida...

No haría nada extraordinario. Intentaría concluir aquellas cosas que he dejado pendientes (detalles como pequeñas deudas o desperfectos en la casa). Guardaría en cajas la mayoría de mis cosas, excepto las que fuera a necesitar a lo largo del día.

Dejaría algún tipo de escrito a modo de «testamento psicológico», donde agradecería a los más cercanos por no haber sido del todo indiferentes y añadiría algunas reflexiones generales sobre lo que para mi significó la vida.

Renunciaría a mi trabajo, agradeciendo por haberme contratado. Daría una última caminata por las calles que me agrada recorrer de vez en cuando.

Llegando a casa me daría un baño, esmerándome en mi higiene y aspecto más de lo usual. Comería y/o cenaría lo mismo de siempre, acompañado de la música que más me gusta. Iría a acostarme a leer un buen libro, pensando en muchas cosas y esperando el final. Lo haría así a fin de concluir mi vida de un modo que me parece decente.

También existe la posibilidad de que me inunde una desesperación terrible por comprimir, en veinticuatro horas, todo aquello que jamás me atreví a  hacer. Pero esto solo aumentaría mi frustración y creo que en tal circunstancia lo mejor es conciliarse con la vida y mantener cierta paz.

miércoles, 4 de abril de 2012

Libertad y censura Pte 2.

[Parte 1.]

No diré nada que no se haya dicho antes. La libertad de expresión es un derecho y una necesidad. Como individuos tenemos qué manifestar nuestro sentir y pensar sobre lo que queramos y como queramos.

La libertad de expresión genuina no debe estar sujeta a parámetros o condiciones. Me refiero a que últimamente hay mucha corrección política, que coarta esa libertad. De repente es incorrecto decir un chiste, pronunciarse en desacuerdo, o cuestionar un sistema de creencias. En consecuencia, hordas de moralistas, fanáticos o defensores de cierta creencia se lanzarán furiosas contra el que piensa distinto.

Precisamente, la libertad de expresión sirve para desafiar y desenmascarar esas hordas. De ahí su importancia. No estoy diciendo que deba usarse como arma o pretexto para enemistarse con todo el mundo, sino que jamás debemos olvidar nuestra capacidad de disentir, tener ideas propias y manifestarlas abiertamente, sin temor.

martes, 3 de abril de 2012

Amigo consciente.

"...Sé como la vara de bambú, que entre más crece, más se inclina..."

Conservo sólo un amigo relacionado con lo que ya empieza a tomar forma de secta, el Cuarto Camino. Fue una decepción progresiva la que me alejó, basada principalmente en la obsesión de sus miembros por la "evolución". No niego que sea un noble propósito, pero cuando el universo mental de una persona se estrecha tanto por un solo objetivo, éste se torna insano. Cuando un grupo desarrolla aversión por los disidentes y convierte al mundo en su enemigo (nosotros los conscientes, ellos los mecánicos), es de preocuparse. Y cuando se sacrifica el juicio crítico por una serie de dogmas, es señal de que algo anda mal y debe uno alejarse.

Con respecto a mi amigo, su fanatismo lo hace negar su lado humano en busca de la "conciencia". En eso diferimos. Yo admito y expongo mis errores despojándome del afán de sentirme superior. Él, desde la altura de su comprensión nos observa compasivamente a nosotros, tristes mecánicos, perdidos en interminables recurrencias por vivir en el "profundo sueño".

Esclavos de la gran tragedia que supone el no evolucionar, este amigo nos mira con desdén, satisfecho de haber encontrado las respuestas en un gurú de conferencias, CDs y aromaterapia. Aún mantengo contacto con él por tolerancia (la tolerancia que él no muestra con los demás) y cierto aprecio que está a punto de desaparecer porque ya es bastante insufrible. Nuestras charlas eran buenas mientras no introducía el tema de "la conciencia", pero definitivamente en su modo de expresar ya predomina ese lenguaje "profundo" (necesario para hacerse entender entre los suyos y distinguirse de los profanos) del que yo me he ido despojando con el tiempo, y temo que dentro de poco charlar con él será imposible. Me he atrevido a tocar temas cotidianos de modo despreocupado y de inmediato sentencia, "te estás durmiendo".

Lo curioso es que está tan cegado que sigue creyendo que mis aspiraciones aún son las mismas que las suyas. Considera que vamos en el mismo tren, ya que ambos nos tomamos la "píldora roja" (alusión a la película Matrix que a los robots del Cuarto Camino les encanta porque es como una metáfora de aceptar el ver la realidad tal y como es, sin ilusiones) y somos compañeros en este duro camino al "Despertar". Si bien busco mi superación interior, no me obsesiono con tal búsqueda ni me desespero porque alguien ha "evolucionado" más que yo. Tampoco permito que las ideas me causen gran impresión al grado de hacerme perder contacto con la realidad.

Estoy a punto de cortar toda comunicación con él y su compasión soberbia. Y ya puedo calcular "su" reacción: tristemente he perdido la lucha contra el sueño.  Me dedicará algunas frases "esotéricas" y me dirá que el Cuarto Camino no es para cualquiera. En eso tiene razón. Definitivamente no se me da el hacer llamamientos a "la conciencia" sutilmente despectivos con una sonrisa en el rostro. No hallo diferencia entre los fanáticos de este movimiento y los demás grupos sectarios, dispuestos a defender ciegamente sus creencias o al líder que se las vende. He notado que se conducen igual.

Si yo soy un "dormido", entonces mi amigo es un pobre individuo incapaz de pensar por sí mismo. Pero esto aún no se lo digo. Me abstengo de tocar temas mundanos y mantengo las conversaciones en las limitaciones de su estrecho interés: "la Conciencia", el "despertar". Quizá le he causado daño al no contradecirlo nunca, ya que fomento su ilusión de que está "evolucionando", como la fomentan en su círculo, que antes era el mío también.

Me gustaría decirle que no se acaba el mundo si no asiste a una conferencia o se pierde un programa de radio; que la esfera de conocimiento es amplísima y no puede ser reunida ni sintetizada por nadie; que puede tener ideas propias; que tiene derecho a equivocarse, a ser humano; y que también los "fundamentos" fanatizan. Pero ya no escucha. Su psique ha sido amaestrada para aceptar sólo cosas relacionadas con "la conciencia" y rechazar en automático ideas distintas.

Pero yo soy un "triste dormido" que ha truncado su propio desarrollo. Y cuando nuestra debilitada amistad concluya, también concluirá definitivamente mi vínculo con ese séquito.

lunes, 2 de abril de 2012

Acotación sobre Cienciología.

No pensaba volver a tocar el tema pero, desde la última vez que lo hice han ocurrido cosas muy interesantes. Cienciología enfrenta demandas por estafa en Francia. Una ciencióloga australiana enfrenta problemas legales por ocultar casos de abuso infantil. En Puebla, México, intentó introducir las «enseñanzas» de Hubbard en el sistema educativo. En Rusia ha sido ya proscrita.

Últimamente han surgido bastantes testimonios de ex-cienciólogos que narran los abusos sufridos durante su tiempo en la secta. Algunos de ellos se consideran «libres» al estar fuera de la organización; pero su libre criterio les fue arrebatado y siguen fieles al sistema ideológico. Los más inteligentes lo han desechado, otorgándose así la posibilidad de rehacer una vida con fundamentos propios. Son éstos últimos los que me han animado a externar algunos puntos que omití hace casi dos años.

¿Mi experiencia en Cienciología? Afortunadamente jamás me involucré realmente en ella. Pero mi padre sí, así que prácticamente este culto entró a mi casa, yo no lo busqué. Ahora, ¿hizo Cienciología de mi padre una mejor persona? Si ser una mejor persona es intentar imponer una cosmología absurda en sus hijos, someterlos a repetitivas y estúpidas Rutinas de Entrenamiento sin haber cumplido los 8 años, castigarlos por errores que no cometieron, y denigrar constantemente a su esposa: sí, mi padre fue hecho a la medida de L. Ron Hubbard. Pero un mejor ser humano... no lo creo.

Recuerdo un incidente en un vecino comenzó a ocupar el lugar de estacionamiento que nos correspondía a nosotros. Lo lógico era que mi padre hubiese ido a hablar con él, pero en vez de eso redactó una larga carta solicitándole que desocupara el lugar, y envió a mi madre a entregar esa carta. El gran cienciólogo estaba haciendo uso de su elevado Nivel de Comunicación, pero no tuvo el valor para confrontar directamente al vecino; en cambio sí lo tuvo para enviar a su esposa en representación. Fue un momento muy sui generis acompañar a mi madre a la casa del vecino. Jamás olvidaré el rostro avergonzado de mi madre, así como las miradas burlonas que el vecino nos dirigió. Mi padre, con aire triunfante, se justificó diciendo que no había mejor solución que esa. Obviamente jamás iba a reconocer que le faltó valor para dirigirse en persona al vecino. Un acto de cobardía disfrazado de diplomacia.

Peor cobardía es violentar psicológicamente a un par de niños por falta de ética. Por supuesto, según mi padre, dos niños de 5 y 7 años ya deben tener un Código de Ética bien estructurado, y no seguirlo al pie de la letra es un crimen. Me viene a la mente la vez que mi hermano y yo nos pintamos el rostro emulando a los integrantes de un grupo de rock, y mi padre al vernos dijo:

- ¿Saben quienes son los únicos que se pintan la cara? Las putas y los maricones.

Un juicio bastante fuera de lugar, ya que a nuestra edad no teníamos idea de qué era una «puta» o un «maricón». Pero ese juego infantil fue suficiente para que el respetable cienciólogo se indignara y nos sentara a la mesa a discutir durante 4 horas nuestra falta de ética. Entiéndase que una charla de 4 horas no es nada para un hombre adulto, pero someter a unos niños de 5 y 7 años a una discusión en la que debieran justificar los motivos de su conducta anti-ética es otra cosa: violencia psicológica. Sí, la que suelen aplicar en Cienciología. Y no fue la única vez. La última charla-sermón que mi padre me dedicó fue cuando tenía 13 años (mi hermano, tengo qué decirlo, siento que se fue sometiendo a las reglas de mi padre, a la vez que yo me revelaba contra él) y con el tiempo nos fuimos convirtiendo en antagonistas.

Mi padre veía en mí a un enemigo porque cuestionaba su autoridad, y yo veía un enemigo en él por toda la coerción que siempre intentaba aplicar en nosotros en aras de la «ética y la armonía familiar». Para él, yo era un disidente. Para mí, él siempre ha sido un manipulador. Ha sabido aparentar valor e integridad, aprovechando las carencias de la gente para quedar ante ella como benefactor (tal como hace la Cienciología, que aprovecha cada desastre natural para promoverse como buena). Así va construyendo su imagen. Farol de la calle, oscuridad de su casa.

Definitivamente, mi madre se llevó la peor parte. Desde el inicio de su relación con mi padre tuvo que lidiar con cienciólogos: la familia de mi padre, compuesta por 3 hermanas y su madre. Vivían en un departamento sucio. Siempre desaseadas y sumidas en la mediocridad, tenían desplantes de soberbia y se comportaban como si formaran parte de la élite social. Pero estaban lejos de ser inofensivas. Obsesionadas con fastidiar a otros, Cienciología les dio las herramientas para ello. El núcleo de su «filosofía de vida» consistía en que, para tener ganancias había que encontrar la «ruina» en cada persona y explotarla. «Busca los botones en la gente», decían.

Envidiosas criticaban a mi madre constantemente. De pendeja no la bajaban, y se alteraban muchísimo cuando ella detectaba las incongruencias de sus magníficas pero falsas historias. Todos en esa familia son mitómanos, y ya que en el mundo real sus mentiras no tienen mucha aprobación, se apoyan mutuamente en sus fantasías que redondean con el tiempo para hacerlas más creíbles cada vez.

Recuerdo la vez que una hermana de mi padre vino de visita. Yo estaba sentado a la mesa leyendo el Nuevo Testamento (desde el punto de vista esotérico y simbólico, que por entonces me interesaba) y entonces se sentaron a la mesa también, ignorándome, así como siempre los he ignorado yo. Mi padre comenzó a hablar de la gente estúpida que lee el Nuevo Testamento, (siempre se ha valido de indirectas para «invalidar») secundado con risas de su hermana. Después sacaron el tema de la religión como «implante electrónico» y ahí se soltaron con su rollo dianético.

Ni siquiera respetaron la memoria de mi madre. Después de discutir el tema religioso a su particular modo, mi padre se atrevió a decir que el cáncer que le costó la vida a mi madre había sido por «vivir en un Tono Bajo». Su hermana lo secundó diciendo que mi madre había «postulado su enfermedad».

Auténticos psicópatas, producto de la Cienciología. Fallidos intentos de seres humanos que buscan compensar sus carencias invalidando a los demás.

¿Qué es de ellos ahora? Jamás demostraron el potencial del que tanto se jactaban, y su vida real jamás coincidió con sus extraordinarias narraciones. La gente que odian se encumbra mientras ellos se hunden. Lo más irónico es que, en un mundo supuestamente lleno de enemigos, nadie les ha causado más daño que ellos a sí mismos. A mi padre lo consume el vicio del cigarro (¿un supuesto Clear dramatizando un volcán?). Siempre alardeando de ser su propio jefe, jamás pensó en su futuro, y a la fecha sigue trabajando sin posibilidad de jubilarse. Es un tipo enfermizo, prematuramente avejentado, sucio, vulgar, malos hábitos de higiene. Una hermana suya se sostiene trabajando, otra sobrevive de su esposo, y la más joven murió de un infarto por sedentarismo hace ocho años. La madre de todos ellos (quien los introdujo al  «innovador»  pensamiento de Hubbard) falleció en 1985.

Me da risa cuando los escucho hablar de «Estadísticas Altas».

A quien lea esto. Sepa que eso que promulgan los cienciólogos «independientes» (libres de la organización, pero aún esclavos de la ideología de Hubbard), que la Cienciología fue desvirtuada desde la muerte de Hubbard para causar mal, es sólo un engaño más para ganar confianza y hacer pasar a Cienciología como buena. Mi padre es cienciólogo desde principios de los 70s, cuando Hubbard aún vivía. Hay algunos libros en línea escritos por ex-cienciólogos que confirman la naturaleza destructiva de este culto, como A Piece of Blue Sky, de Jon Atack, o Messiah or Madman?, co-escrito por el propio hijo de Ron Hubbard, Ron DeWolf. Lo anterior también va para el cienciólogo que automáticamente haya interpretado al leer esto, que mi padre y su familia «aplicaron mal Cienciología». Por cierto, si la Cienciología, fuera de la organización, realmente funcionara, deberían demostrarlo fácilmente. Pero no lo hacen porque no pueden. A la fecha no existe un «Clear» producido dentro o fuera de la secta.

Tampoco faltará el ignorante que se escandalice por el modo en que me expreso de mi padre y su familia. Pues tengo todo el derecho de hacerlo. Y tengo la conciencia tranquila; no vivo perjudicando a los demás.

En cambio Cienciología, dentro o fuera de la organización, destruye vidas.

domingo, 1 de abril de 2012

Ser alguien más.

Si fuera posible, me gustaría asumir el rol de cualquier persona que alguna vez haya observado con prejuicio o juzgado mal. Creo que aprendería mucho de eso. También me gustaría colocarme temporalmente en los zapatos de alguien que enfrente una situación más complicada que yo, por ejemplo, algún problema serio de salud. Parece un tanto extremo, pero creo que eso me haría más comprensivo y empático.