miércoles, 16 de marzo de 2011

Fuera de la Matrix.

Cada vez que me quedo sin Internet me doy cuenta cuan frágil es el vínculo con esta realidad virtual. Basta no pagar a tiempo para que le corten a uno el servicio, y todo lo que hay aquí queda inaccesible, como si no existiera. En parte resulta un provecho, porque se puede despejar la mente de ese embotamiento que se va acumulando subrepticiamente. No está de más desconectarse de vez en cuando del monitor y darle atención a lo inmediato.

Pero hay que admitir dos cosas. Número uno, que Internet se está convirtiendo poco a poco, en una necesidad real. Y número dos, que también puede volverse vicio. Creo que Internet merece ser desdeñada de vez en cuando para mantener la mente clara y no obsesionarse con lo que en ella "ocurre". Así uno vuelve a poner los pies en la tierra, por decirlo así. En esos lapsos de desconexión, siento recuperar cierta independencia y aumentar mi lucidez, lo que no evita que extrañe profundamente a las personas con quienes suelo conversar.

Además, Internet nunca sustituirá la convivencia real. Si bien es práctico saludar vía e-mail a los amigos (disfruto mucho el intercambio de correos), no compensa la dicha de charlar con ellos en persona. Me encanta charlar vía Messenger y sostener largas conversaciones con mi interlocutor, pero no puedo verlo a los ojos ni trasmitirle fielmente mi sentir. Así que no se vale ser apático, y lo digo más que nada por mí. Desde que tengo la comodidad de conectarme he tendido a visitarlos cada vez menos, lo que irónicamente genera distanciamiento.

Hay quienes nos hacen suspirar con sus palabras y forma de ser en Internet. Pero esa impresión debe ser confrontada con la realidad para romper con los elementos ilusorios que este filtro virtual nos tiende. A su vez, debemos permitir que se nos conozca tal como somos, sin los artificios de los que aquí hacemos uso.

Divagando imaginé a las futuras generaciones que, implantadas con la idea de un entorno sintético imprescindible, no tendrán la oportunidad de elegir. Pero es imposible que se nos arrebate esa libertad. La inestabilidad de la Matrix es una ventaja: un recordatorio de que no hay que dejarse absorber por ella. Es sólo un complemento que enriquece nuestra visión del mundo, pero jamás un sustituto del mismo.

domingo, 6 de marzo de 2011

Let me see - Clannad.



Déjame contemplar futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo.

Años solitarios buscando el yermo,
¿cómo este mundo nos puede desorientar?
no me dejes llorar sobre imágenes incoloras.

No más vientos helados,
no más aguas turbulentas,
sólo perdóname,
y déjame ver.

Déjame ver el amor,
déjame ver,
déjame ver el amor,
déjame ver.

Déjame contemplar futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo.

Cruzando la habitación,
reconozco al niño en mí,
cerraré mis ojos para abandonar todos mis miedos,
silenciemos la rosa para verla de nuevo florecer.

Paso a paso, andamos,
palabra por palabra, nos relacionamos,
solo perdóname,
y déjame ver.

Déjame ver futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo...

sábado, 5 de marzo de 2011

Monólogo de Jean Claude Van Damme.

La mejor parte de JCVD, película semi-autobiográfica de Jean Claude Van Damme. Este fragmento es la esencia de la película. Una breve pero cruda recapitulación de su vida en la que narra cómo la voracidad del mundillo artístico lo rebasó; cómo su propio sueño lo esclavizó y cómo a pesar del éxito, se siente vacío. Me parece admirable su discurso. Hay que tener mucho temple para sincerarse como lo hizo él aquí y más tratándose de alguien que siempre pretendió aparentar grandeza.

Aunque este discurso aún contiene elementos de ficción, plantarse frente a la cámara y exponerse así, sin miramientos, requiere un valor que creo pocos tienen.



"...Este filme es para mí.

Aquí estamos, tú y yo. ¿Por qué lo hiciste? O, ¿por qué lo hice? Hiciste mi sueño realidad, como te lo pedí. Te prometí algo a cambio y aún no te lo he dado. Tú ganaste y yo perdí. A menos... que el camino que me hayas puesto esté lleno de obstáculos cuya respuesta se encuentra antes de la pregunta. Sí, ahora me doy cuenta. Ahora sé por qué. Es la cura para lo que he visto aquí. Todo tiene sentido. Lo tiene para aquellos que lo entiendan.

Así que... América, la pobreza, robar para comer... asediando productores, actores, "estrellas de cine", asistiendo a clubes esperando ver alguna estrella, con mis fotos y revistas de karate. Sólo eso tenía. No hablaba inglés. Pero por 20 años practiqué karate. Porque antes no era así. Este... este soy yo ahora. Solía ser pequeño y enjuto. Y adopté el karate. Y por el Dojo, por el respeto, debes creer a la gente que dice '¡Oss!' Es el código del Samurai. Es honor, no mentiras. Pero esta gente en los E.U. no es igual. Nadie te dice 'Oss'. Algunas veces, la gente en el show business dice 'vamos a fastidiarlo'. Creía en la gente, en el Dojo.

Fui afortunado y tuve muchas esposas. Siempre he creido en el amor. Es difícil para una mujer con tres niños preguntarse, '¿a cuál amo más?' Una madre... si tú tienes 5, 6, 7 o 10 esposas en la vida, cada una tenía algo especial, pero eso a nadie le importa en los llamados medios.

¿Y qué hay sobre las drogas? Cuando lo tienes todo y viajas por el mundo, cuando has estado en cada hotel, eres la prima donna del penthouse. Y en todos los hoteles alrededor del mundo, viajando, deseas algo más. Y por causa de una mujer... bueno, a causa del amor, probé un poco y quedé enganchado. Van Damme, la bestia, el tigre enjaulado, el hombre 'Bloodsport', quedó enganchado. Estaba física y mentalmente arruinado. Hasta el punto en que lo dejé. Salí de ahí. Pero... todo está ahí. Está todo ahí. Fue realmente duro.

Ví gente que se encontraba peor que yo. Pasé de ser pobre a rico y pensé, ¿por qué no pueden todos tener lo que yo, por qué los privilegios? Soy sólo un tipo común. Me pone mal ver gente... que no tiene lo que yo he tenido. Sabiendo que también ellos tienen cualidades. ¡Muchas más que yo! No es mi culpa si llegué a ser una estrella. Rogué por ello, realmente creí en ello.

Cuando tienes 13, crees en tu sueño. Bien, se me hizo realidad. Pero a la fecha me pregunto qué he hecho en este planeta. ¡Nada, no he hecho nada! Y quizá muera en esta oficina postal, esperando volver a empezar aquí en Bélgica, en mi patria, donde están mis raices. Comenzar de nuevo y recuperar mi salud, levantarme otra vez. Y realmente espero... que nadie apriete un gatillo en esta oficina postal... es tan estúpido asesinar personas. ¡Son tan hermosas! Así que hoy, le imploro a Dios.

Realmente creo que no es un filme. Es la vida real. He visto tantas cosas. Nací en Bélgica, pero soy ciudadano del mundo. He viajado mucho. Me es difícil juzgar a la gente y es difícil para ella... no juzgarme. Es muy fácil señalarme.

Sí... algo así..."

viernes, 4 de marzo de 2011

Ese aire melancólico.

Me han dicho que tengo una visión un tanto pesimista de la vida. No me doy cuenta cuando causo esa impresión, pero siempre alguien termina dándome un consejo o brindándome apoyo. Por ejemplo, en una charla que tuve sobre cómo pasar los días festivos, comenté que he pasado varios de ellos sin compañía alguna. Al poco rato una persona se me acercó y me dijo que si necesitaba con quién charlar, contara con ella.

En otra ocasión le permití a una persona leer algunos escritos míos. Me dijo que lo que escribía se leía melancólico, y que me imaginaba como un cachorro abandonado... ah, vamos, ¿qué es eso? Al revisar mis escritos no noté nada que, según yo, provocara conmiseración. Admito que tiendo a escribir sobre las cosas que me molestan. Pero, en vez de parecerle irritable o iracundo, le causé una impresión de lástima. ¿En verdad estaré tan mal y no soy capaz de observarlo?

Con los vecinos, lo mismo, particularmente con la gente mayor. Les da gusto verme y al saludarme me dicen, te ves muy bien, como si el bienestar fuera inusual en mí y les extrañara verme entero. Una vecina (en paz descanse) tenía la costumbre de poner su mano en mi mejilla, expresando así su aprecio, pero también su compasión.

Ni hablar de mis parientes. Con ellos las miradas de conmiseración son evidentes y vergonzantes. Y a pesar de mi actitud de seguridad, se me quedan viendo raro, como si se percataran de que no es mi actitud natural. Joder, ¿no se pueden tragar el anzuelo? Y esa pregunta, ¿estás bien?, con un dejo de escepticismo y mirada compasiva, es una patada en los nobles.

Por un lado es bueno saber que la gente tiene corazón y está dispuesta a darle la mano a su prójimo. Lo que me incomoda es que ese prójimo siempre resulto ser yo, por esa impresión involuntaria de minusvalía que causo en los demás. Hasta me hace pensar que me conocen mejor de lo que me conozco yo mismo. Debe ser mi actitud silenciosa, discreta. Esa marcada intención de pasar inadvertido, mi introversión.

Ok, me rodea cierto halo de negativismo, pero, ¡carajo, no es para tanto!

Este fin de semana me regalaré una caminata solitaria por ahí. Debo decir que camino con paso firme y jamás cabizbajo; eso me renueva y devuelve la dignidad.