domingo, 25 de diciembre de 2011

Breve reflexión sobre el 2011.

Me gustaría decir que este año fue excelente, que ví concretarse cada propósito, uno por uno, mediante mi esfuerzo. Para ser honesto, este año no fue lo que hubiese esperado. Tuve bastantes tropiezos. Cometí muchos errores. A veces tengo la sensación de no estar en sintonía con la vida.

Sin embargo, creo que hay que tener buenas expectativas para cada año que se acerca, aunque es difícil si viene uno arrastrando decepciones del que termina. Es justo en estas fechas cuando todo lo malo se agolpa en la mente (me ocurre al menos a mi), y eso nos impide ser positivos con respecto al próximo año.

Pero aún así debemos proyectar cosas buenas, ¿por qué no? Sólo hay que observar que éstas predominan siempre sobre las contrarias, pero nos concentramos más en estas últimas.

No digo que deba uno hacerse ilusiones, del tipo "cumpliré todos mis sueños el próximo año", pero sí que es mejor tener una perspectiva favorable; de otro modo no se tiene el ánimo para avanzar en la vida. Tampoco digo que debamos negar las experiencias adversas, porque de ellas se aprende mediante la reflexión.

Tenemos derecho a aspirar a ser felices. Lo merecemos. Se dice que la felicidad auténtica se encuentra en el interior y estoy de acuerdo. Pero no hay que esclavizarse en esta búsqueda ni olvidar que los desafíos externos también cuentan.

Ya sabemos que cada ciclo trae consigo eventos positivos y negativos. Los negativos son retos, los positivos hay que disfrutarlos. Finalmente, todo es aprendizaje.

A quien llegue a leer esto, le deseo un próspero año 2012.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Better Than I Used To Be - Sammy Kershaw.



Sé cómo guardar rencor
puedo pretender un vínculo y estropearlo
y no puedo contar las personas que he decepcionado
o los corazones que he roto
no debes cavar muy profundo si quieres encontrar algo malo en mí
pero estoy aprendiendo que quien has sido no es quien debes ser
será un arduo camino cuesta arriba
pero no mentiré, cariño

No soy un ángel
pero he saldado algunas danzas con el diablo
y limpiando mi camino, poco a poco
estoy en ello
finalmente puedo encarar al hombre que veo en el espejo
no soy tan bueno como quisiera
pero soy mejor de lo que solía ser

He postrado bastantes demonios en tierra
vencido bastantes viejos hábitos
pero aún hay uno o dos que podría necesitar me ayudes a romper
tanto tiempo bajo la lluvia me ha oxidado un poco
pero ten un poco de fe en mí
algún día verás que hay un diamante bajo todo este polvo

No soy un ángel
pero he saldado algunas danzas con el diablo
y limpiando mi camino, poco a poco
estoy en ello
finalmente puedo encarar al hombre que veo en el espejo
no soy tan bueno como quisiera
pero soy mejor de lo que solía ser

No soy un ángel
pero he saldado algunas danzas con el diablo
y limpiando mi camino, poco a poco
estoy en ello
finalmente puedo encarar al hombre que veo en el espejo
no soy tan bueno como quisiera
pero soy mejor de lo que solía ser...

sábado, 10 de diciembre de 2011

Guerra Mundial Z.

Estoy por terminar la lectura de «Guerra Mundial Z». Para nada pretendo restarle mérito a las obras de Manel Loureiro, que disfruté muchísimo, pero creo que este de Max Brooks es el mejor libro de zombies que he leído. Tiene una diversidad de personajes, situaciones e historias amplísima y, hasta donde voy, no me he topado con partes flojas o aburridas (Loureiro llega a ser demasiado descriptivo en Apocalipsis Zombie, y en momentos se vuelve pesado y el relato pierde agilidad).

Se compone de testimonios de sobrevivientes a la Guerra Mundial Z alrededor del mundo; desde los primeros «brotes», al surgimiento de la crisis, luego el pleno Apocalipsis y finalmente el resurgimiento de la humanidad como la especie dominante del planeta Tierra.

Me ha gustado tanto que no me importaría si la conclusión fuese mala. Es tan bueno que un mal final se diluiría en la calidad de la obra completa y no le haría mella. Lectura de entretenimiento, sí, pero muy bien lograda y que no decae en ningún momento. Aún me falta leer «Zombie Survival Guide» pero si he de posicionar mis tres libros favoritos de zombies, Guerra Mundial Z queda en primer lugar; en segundo y tercero, «Apocalipsis Zombie» y «Los Días Oscuros (también de Loureiro)», respectivamente.



viernes, 25 de noviembre de 2011

En corto...

De mi extinto perfil en Bitacoras.com:

¿Cómo te acercaste al mundo de las bitácoras?

Solía escribir mi diario en un cuaderno solamente. Cuando tuve acceso a Internet di con algo llamado "blog"; quedé fascinado con sus posibilidades. Desde entonces alterno su uso con mi diario tradicional.

¿Desde cuándo tienes una bitácora?

Desde Enero de 2009.

¿Cuáles son tus recomendaciones para ser un buen blogger?

No soy experto en el tema y no me considero apto para dar consejos a nadie, pero trato de seguir tres reglas básicas: 1. Escribe según te dicte el corazón. 2. Calidad, no cantidad. 3. Procura una buena redacción.

¿Qué tipo de bitácoras sueles leer?

Más que nada blogs personales. Me interesa mucho lo que la gente piensa y siente. Después, bitácoras sobre filosofía y psicología.

¿Cuánto tiempo le dedicas a escribir en tus bitácoras?

No tengo un horario definido para escribir. Suelo escribir 3 o 4 entradas por mes o menos. Ha habido periodos en que escribo obsesivamente: el pasado mes de Agosto (2011) escribí 15 entradas. Invierto aproximadamente dos horas en cada post.

¿Qué bitácoras recomiendas leer?

Hay tantos blogs que recomendar sólo unos cuantos sería un tanto injusto pero prefiero aquellos con una temática similar a al mio.

¿Cómo te ves en el mundo de las bitácoras dentro de 5 años?

Mi bitácora no figura en la blogósfera pero eso nunca me ha preocupado mucho. En cinco años espero haber desarrollado un estilo más maduro y equilibrado.

¿Qué importancia le das al diseño sobre el contenido?

He encontrado blogs con un diseño impresionante y esmerado pero cuyo contenido no llamó mucho mi atención. En cambio he descubierto algunos con un diseño sencillo pero bastante interesantes. Lo ideal sería el equilibrio procurando ambos aspectos.

¿Crees que los blogs de habla hispana se pueden igualar a los blogs en inglés?

No estoy de acuerdo con lo que esta pregunta implica: que los blogs en inglés son superiores a los blogs en español. Creo que la calidad de un blog no depende del idioma y no deben contraponerse en base a eso.

¿Qué herramientas crees que son útiles para desarrollar tu bitácora?

Creo que los Feeds, para retroalimentarse de otros blogueros. Pero lo principal es tener siempre claro el sentido de un blog, para no flaquear. Y no compararse negativamente con nadie.

martes, 27 de septiembre de 2011

«Urge un cambio psicológico», de Jiddu Krishnamurti.

Lo encontré en una caja. Yacía guardado ahí quién sabe cuánto tiempo y a la fecha ignoro de dónde proviene. Comencé a leerlo a principios del año 2000... creo que fue en el 2001. No recuerdo bien. Entonces sentía mucho interés por cuestiones que tuvieran que ver con la meditación o alguna forma de profundizar en mi mente y conocerme. Es una recopilación de diálogos entre Krishnamurti e interlocutores anónimos sobre temas como el miedo, el amor, la dependencia, el condicionamiento, los sueños, etc.

Me sucedió algo interesante con este libro. Al leerlo, sabía que el autor trataba de comunicar algo importante pero yo no era capaz de profundizar en ello. Sentía que, aunque lo leía con detenimiento no podía captar la esencia del mensaje. La mía era una lectura superficial. A pesar de que traía el libro conmigo a todas partes, no lograba penetrar en lo que me podía transmitir realmente.

De repente, por fin pude «entrar». No sé si alguien recuerde los estereogramas: aquellas imágenes planas en las que hay que entornar los ojos de cierta forma para poder ver lo que encierran. Bien, pues al comprender el libro ocurrió eso mismo, pero en mi mundo psicológico. Así que, para mi, ese libro tiene dos niveles de lectura distintos, si se puede decir así. Supongo que no es el libro en si, sino la filosofía de Krishnamurti. Quizá habría experimentado el mismo fenómeno con «Más allá de la violencia» o «El vuelo del Águila» si los hubiese leído primero. Pero no tenía otro libro mas que ese y no sabía nada del autor.

No sé si el libro me ha cambiado la vida pero ciertamente ha influido en mi forma de pensar y a la fecha lo sigo leyendo. Es uno de esos libros que considero «infinitos» en el sentido de que siempre puedo extraer algo más de ellos.

Fue una gran experiencia haberlo descubierto.

Krishnamurti en California, 1972.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Un tipo modesto.

Me gusta la soledad y el silencio.
Adoro el café negro, casi le rindo culto.
Gasto poco; soy austero.
Nunca asisto a fiestas o antros.
Auto-didacta y lector compulsivo.
Nostálgico, a veces melancólico.
Intento ser discreto en toda circunstancia.
Me obsesiona escribir en mi diario.
Observo sin ser partícipe.

domingo, 21 de agosto de 2011

Ser olvidado.

Solía auto-engañarme con el supuesto convencimiento de que no necesitaba de nadie. La soledad me hizo creer que no tenía vínculos emocionales. Al procurar la distancia física pensé que permanecería libre del aprecio o rechazo ajenos.

Pero la soledad no me ha librado de entablar lazos emotivos. Después de todo, por más que quiera uno desterrar de sí todo sentimiento de cariño, basta que alguien se nos acerque e insista en conocernos para volver a caer en la trampa.

Porque el interés se torna mutuo, sin darnos cuenta. Luego la balanza se inclina al lado opuesto: aquella persona se aleja gradualmente. Entonces nos topamos con una indiferencia que no esperábamos.

Y uno se inventa razones de ese alejamiento. Esa persona necesita estar sola un tiempo, o no se encuentra de humor. Las teorías comienzan a ser más elaboradas; después intentamos que tengan relación con la realidad. Queremos entender por qué.

Por qué una persona que nos prodigaba interés, de repente nos ignora. Es notable el efecto de una migaja de aprobación en un hombre solitario. Se admira ante la mínima validación de su persona y se turba cuando su existencia deja de ser confirmada.

Enfrascados en nuestras elucubraciones, nos sentimos tentados a preguntarle directamente a esa persona la razón, sin que note el reproche. A veces uno teme ahuyentarla más al interrogarle, pero es más terrible la incertidumbre que la verdad.

Muchas veces no habrá respuesta. Otras, recibiremos respuestas ambiguas, vacilantes. Es de agradecer la franqueza aunque de momento nos conmueva. Pero no hay respuesta más patente que la que se halla implícita en el alejamiento.

Es simple: si bien por un tiempo fuimos importantes para esa persona, ahora no le interesamos más. De nada sirve rumiar en ello. La gente cambia, se interesa por otras cosas. Busca nuevas personas y vivencias con las cuales enriquecer su vida.

Toma tiempo asimilarlo, si somos de condición reticente a los cambios. Cada persona tiene derecho a elegir con quienes compartir momentos, y también a descartar a quienes ya no aporten mucho a su vida. ¿Por qué lamentarse por ello?

No hay mejor cura que la aceptación. Pero ésta debe ser de fondo, no una resignación caprichosa que encierre rencor a quien nos ha abandonado. Después de todo, uno también tiene una vida y a sí mismo. Jamás hay que olvidar eso.

Es momento de realizar un pequeño duelo. Y despedirme, en mi interior, de aquellos que aparecieron en mi vida efusivos y desaparecen ahora furtivos. Les deseo felicidad y realización completas. Les agradezco tan valioso fragmento de sus vidas.


miércoles, 10 de agosto de 2011

Impaciencia del Corazón, Stefan Zweig.

Terminé de leer, por cuarta o quinta vez, Impaciencia del Corazón, de Stefan Zweig. Simplemente no lo supero; es uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Tiene algo que me atrapa poderosamente. Son los personajes y la interacción entre éstos; las situaciones, tan humanas como extraordinarias; los procesos internos de Anton Hofmiller, tan similares a los míos, pero bellamente esbozados. Esa vulnerabilidad que permea el libro entero.

El libro es herencia de mi madre. Permaneció durante años acumulando polvo sobre la repisa. «Un libro viejo, aburrida literatura, pesada y obsoleta» pensaba inconscientemente cuando acaso leía el título de soslayo. Qué equivocado estaba. Dicen que los libros en general tienen sus partes buenas, sus partes malas. Impaciencia del Corazón rompe con esa arbitraria regla: es exquisito de principio a fin.

Un día lo escuché mencionar en un programa de radio. Una reseña vaga, pero que llamó mi atención. Por entonces comenzaba mi afición a los libros. Así que lo despojé de la tranquilidad en que por años reposaba y le di la oportunidad. O más bien, el libro me brindó el privilegio de regocijarme con sus páginas. Es pecado permanecer ignorante de las joyas que uno guarda en casa.

No podría rendirle justa reseña; no me alcanza el intelecto ni las palabras. Pero sí que merece mi reconocimiento, un pequeño tributo de mi parte. Pocos libros me han conmovido como ha hecho éste, que me hizo llorar la primera vez que lo leí. Más que una novela, es una sutil exploración al alma humana y sus debilidades. Stefan Zweig dota a sus personajes de una fragilidad que estremece.

Desde el punto de vista del condecorado Anton Hofmiller, quien se confiesa ante un recién conocido en una reunión, nos adentramos en su historia, de la cual han pasado ya varios años. Él, «joven e inexperto» teniente de 25 años, conoce en vergonzosa situación a Edith von Kekesfalva, una chica de 16 años. A raíz de la desafortunada circunstancia, que él se siente comprometido a compensar, surge una amistad basada en la compasión, sentimiento que le arrastra una y otra vez en contra de su voluntad.

Su calculada existencia en el regimiento, así como su gris vida interior, comienzan a ceder terreno a las nuevas experiencias (la charla amena con dos personas del sexo femenino) y emociones (el dar cariño y sentirse apreciado) en la mansión von Kekesfalva. Pronto su vida comienza a estrecharse con la de sus habitantes, más allá de lo que hubiese previsto.

Si bien Hofmiller es el personaje principal, cada personaje es entrañable. No existe carácter plano; si acaso unos mejor delineados que otros.  Lajos von Kekesfalva, misterioso al principio, se va descubriendo tan humano y frágil, atribulado por la tragedia de su hija. Edith, arrebatada, impetuosa, desesperada; anhelante de algo más que compasión. El doctor Condor, quien se nos presenta como despreocupado, resulta ser un gran hombre, que no abandona a nadie, vive entregado a los demás y está dispuesto a sacrificarse. Incluso los compañeros de Hofmiller, personajes secundarios, tienen su «magia».

La forma en que Stefan Zweig describe los detalles y sutilezas es precisa y bella (también le corresponde mérito al traductor, Alfredo Calm). No solo nos hace palpar cada suceso. También nos hace saborear las tensiones, goces, incomodidades, orgullo y dudas que experimenta Hofmiller en cada uno de ellos. En esa riqueza de detalles psicológicos descansa la profundidad de la historia que, si uno se deja llevar, es casi vivencial.

"...Sólo las cabezas huecas se sienten felices al obtener «éxito» cerca de las mujeres; sólo los necios se ufanan a causa de ello. Un hombre de verdad quedará más bien abrumado al comprender que una mujer está loca por él, sin que pueda corresponder a su sentimiento..."

Stefan Zweig.

martes, 9 de agosto de 2011

Lo que rehúye.

En este momento, la voluntad de mi cuerpo es descansar. Llevo días arrastrando un cansancio cuyo origen desconozco. Comienzo a sospechar algún tipo de enfermedad; posiblemente una anemia.

 La voluntad de mi alma es escribir, decir algo, pero no sé qué. Vivo con una especie de obstrucción psicológica. A tres años de escribir regularmente sobre mis anhelos y pesares, siento que no he dicho lo esencial. Eso, tan importante, se me escapa. Se encuentra dentro de mi pero me es intangible; sin embargo quiere salir.

Y no sé por qué, pero también tengo la necesidad de que aquello sea leído por otros. ¿Por qué, si le temo a la opinión pública? ¿Por qué tiendo a exponerme a la vergüenza haciendo público mi diario personal? ¿Por qué me reto de ese modo? Creo que en el fondo he concebido que no tiene mucho sentido tanto expresarse sólo para uno mismo.

Pero, ¿a quién pueden interesarle los soliloquios de un tipo mediocre? Soy uno de tantos seres sin relieve que buscan darse su pequeña importancia, que aspiran a algún tipo trascendencia. Pero esa gloria está reservada para individuos destacados. Que un hombre como yo la busque resulta un poco triste y patético. Supongo que es la tendencia de todo ser humano, ser valorado de algún modo.

Me he llegado a arrepentir de escribir tanto. Tantas palabras que no dicen nada. Es como si nada de lo que yo dijera pudiese tener valor alguno. Pero no lo puedo evitar. Quizá sea el ocio o la monotonía lo que me mueven a ello. Pero siento que es algo más fundamental. Es una carencia interna, un vacío profundo que busca colmarse. Como dije hace tiempo, «escribir es auto-conocimiento».

Existen teorías que dicen que darle juego a las emociones las magnifica desproporcionadamente y produce una pérdida de fuerza interior, convirtiéndonos en seres sin dominio propio y víctimas de nuestro propio torrente emocional. Otra teoría sostiene que «desahogarse» es necesario, a fin de darle salida a sentimientos que pudieran intoxicarnos y hacernos más daño si permanecen reprimidos en el fuero interno.

Creo que ambas ideas son ciertas hasta cierto punto. Es decir, podemos articular nuestros procesos emocionales en palabras con el propósito de observarlos y comprenderlos, sin que por ello nos volvamos adictos a una eterna catarsis. Pero creo que no me corresponde ahondar en esto, pues no soy psicólogo sino un hombre común que necesita y quiere manifestarse libremente de vez en cuando, en busca de algo que no ha dicho aún.


sábado, 18 de junio de 2011

El maestro en mis sueños.

Esa primera vez que irrumpió en el salón se sentó, sacó unas hojas, se levantó y se presentó. No recuerdo su nombre, pero era el clásico educador: encajaba perfecto en el arquetipo que la televisión y los libros han creado. Su presencia resultaba anacrónica. Pero ahí estaba, con todo su conocimiento y experiencia, vulnerable frente a un colectivo salvaje. Tenía más de cincuenta años.

Después pasó lista mecánicamente, como si no le importara estar ahí. Luego anotó algunos problemas en el pizarrón. Volvió a su lista y eligió al azar algunos compañeros para resolver esos problemas. Entonces sí me sentí tenso: ese tipo de participaciones siempre me han sido difíciles. ¡Cómo aborrezco esa época! La recuerdo y evoco un vacío.

Ese momento me marcó porque, si me hubiera tocado levantarme frente al grupo, hubiera expuesto mi ignorancia el primer día. Las matemáticas jamás han sido mi fuerte. Desde la primaria hasta la preparatoria siempre tuve dificultades con la materia. Me desarma psicológicamente toparme con mi imbecilidad. Sentirse y saberse completamente idiota no es nada agradable.

¿Has discutido con alguien que sabe más que tú, y que hace alarde de conocimientos a tus expensas, derribando cada uno de tus argumentos, dándose el lujo de tratarte como idiota? Si es así, ¿recuerdas cómo te sentiste en ese momento, cuando te demostraron que estabas equivocado? Si eres valemadrista, lo habrás olvidado pronto. Pero si eres aprensivo como yo, le habrás dado vueltas en tu cabeza durante días.

Aunque salí bien librado aquella vez, no olvido cómo me sentí. A la fecha, esa sensación me acompaña. Aparece de modo intermitente, cuando me descubro torpe en alguna situación que exige destreza o sagacidad. Los más inteligentes se ríen de sus propios errores, pero yo me siento impotente, como esos sueños en los que uno quiere correr y no puede.

Ese maestro de matemáticas aparece de vez en cuando en mis sueños. Y siempre es igual: me encuentro de nuevo en el salón, y de entre todos, yo soy el estancado, el errado. El que no ha aprovechado el tiempo; el que no ha progresado cuando ya todos lo han hecho. En estos sueños mi estupidez no pasa desapercibida, sino que es terriblemente expuesta. Y no se limita a las matemáticas. Abarca todo el espectro de mi vida.

He intentado interpretar este sueño recurrente de la siguiente forma: ese maestro es un símbolo de mi retraso educacional, mental y profesional, esa tara que vengo arrastrando desde mis fallidos días de estudiante. Un rezago que he intentado compensar como auto-didacta, sin mucho éxito. Una exhortación a realizar más que pequeños esfuerzos, que realmente rompan con mi zona de confort.

Existen muchas cosas básicas que ignoro. Y ese maestro no se irá de mis sueños hasta que sea capaz de verlo a la cara y demostrarle que no he perdido mi tiempo.


domingo, 1 de mayo de 2011

From me to you.

Fuentes: http://www.blog.singenio.com/2011/05/enlaces-de-la-semana-1711.html

              http://fromme-toyou.tumblr.com/tagged/cinemagraph

Cuando encuentro algo que me gusta, quiero que todo mundo lo vea. Esta vez comparto unas increíbles imágenes GIF que encontré gracias a Singenio. Hay muchísimas pero particularmente éstas me fascinaron. Pertenecen al blog de Tumblr, From me to you.


"The Neverending Commute".

"Meet me at the bar..."

"The girl with the bow dress".

"How he passed the time".

"Shoes".

"Busy day in Manhattan..."

sábado, 16 de abril de 2011

Eduard Punset: la química del amor.

Las tres fases del amor:

Impulso sexual.
Amor romántico.
Apego a una pareja de largo plazo.


 
"¿Qué hace que cuando entremos en un lugar lleno de gente nos fijemos solo en una persona? ¿Por qué esa persona y no otra de entre la multitud activa nuestros circuitos cerebrales y enciende la química amorosa?

"Sí, el amor es una droga adictiva. Una adicción positiva que provoca una feliz dependencia cuando se es correspondido y una ansiedad dolorosa, triste y a veces destructiva cuando es rechazado..."

"Una de las características del amor romántico es la obsesión por el ser amado. Pensar en él contínuamente, fantasear e inventar situaciones imaginadas, son consecuencias de un bajón de serotonina y un subidón de dopamina en el cerebro. De repente nos convertimos en un Sherlock Holmes de pacotilla, y analizamos todo lo que hace el otro, hasta el más pequeño detalle. Cualquier pequeña muestra de desatención puede desencadenar en nosotros una cascada de inseguridades, cuyo último escalón son los celos".

"La dopamina llega a regiones cerebrales, donde se genera la motivación para alcanzar recompensas. Si la recompensa tarda en llegar, los productores de dopamina prolongan su actividad; los niveles aumentan y la motivación cobra más fuerza. En los centros de la corteza pre-frontal es donde se evalúa la recompensa. Si ese teléfono todavía sigue sin sonar, se enviarán señales a la amígdala y se desencadenará la ira. De esta manera, el amor y el odio están íntimamente conectados en el cerebro, producen los mismos síntomas y ponen en actividad las mismas sustancias químicas".

"El amor y el odio son muy parecidos; la indiferencia es su contrario".

"En realidad tú no te enamoras de la persona que tienes enfrente. Te enamoras de lo que tú imaginas que la persona que tienes enfrente es. Te la inventas".

"Tendemos a crear un arquetipo tan sofisticado y tan ideal que luego no hay quien se le resista, o sea que, cualquier comparación con el arquetipo se derrumba; y de ahí ésta mayor soledad".

martes, 12 de abril de 2011

¿Dejar de escribir?

Hasta ahora, solo hay dos personas a quienes he confesado la existencia de este blog. Una de ellas (esa chica hermosa, llamémosle Señorita "Y") me pregunta a menudo si no publicaré más. Le dije que no tengo un promedio de entradas al mes ni me obligo a escribir; simplemente retomo el blog según mi necesidad de expresar lo que sienta o considere notable. Podría escribir a diario recapitulando las impresiones del día pero desde el principio me di cuenta que comparto más escribiendo menos sobre aspectos meramente mundanos o relacionados con la rutina. Además soy pésimo para las descripciones y me repetiría mucho.

No sé si sea virtud o defecto, pero tengo una rara tendencia a escribir de más, revelando cosas que incluso a mí me sorprenden y podrían comprometerme. Sin embargo, no dejo de hacerlo. Me guía el hábito de publicar abiertamente, permitiendo la lectura de mis soliloquios por cualquiera, confiando en que la "inmensidad de la blogósfera" me restará notoriedad.

Aunque soy mono-temático (o ególatra, según se vea) no es mi interés recibir numerosas visitas, comentarios o feedback. Por otro lado, me parecen patéticos los bloggers que monetizan su blog apenas habiendo escrito un par de líneas malas, lo que también es una falta de respecto al lector. Odio los blogs con pop-ups y creo que no soy el único.

¿Se vale contarlo todo? No lo sé. He escrito cosas que en su momento causaron molestia, pero esto es normal por la diversidad de opiniones. Sólo escribo lo que siento sin importar las reacciones, escarnio o cuestionamientos. A lo que temo ligeramente es a las consecuencias que estos textos pudieran traerme en el mundo real. Pero lo admito: me gusta que exista esa posibilidad.

Encuentro cierta emoción en ventilar asuntos y pensamientos personales procurando no mencionar ni perjudicar a terceros. Confesarme públicamente escribiendo me ofrece, además de una liberación, una sensación similar a la que obtendría al salir desnudo de casa y regresar velozmente sin ser visto, con la diferencia de que no expongo mi cuerpo sino mi mente. Reconozco que aún no supero el "pánico escénico". Siendo este mi blog "oficial", las cuestiones más incómodas las mando a otro blog. Y aún tengo un montón de borradores guardados que preferiría publicar automáticamente en una fecha distante.

Pero, ¿dejar de escribir? No. ¿Dejar de escribir como lo hago? Jamás. Escribir es auto-descubrimiento.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Fuera de la Matrix.

Cada vez que me quedo sin Internet me doy cuenta cuan frágil es el vínculo con esta realidad virtual. Basta no pagar a tiempo para que le corten a uno el servicio, y todo lo que hay aquí queda inaccesible, como si no existiera. En parte resulta un provecho, porque se puede despejar la mente de ese embotamiento que se va acumulando subrepticiamente. No está de más desconectarse de vez en cuando del monitor y darle atención a lo inmediato.

Pero hay que admitir dos cosas. Número uno, que Internet se está convirtiendo poco a poco, en una necesidad real. Y número dos, que también puede volverse vicio. Creo que Internet merece ser desdeñada de vez en cuando para mantener la mente clara y no obsesionarse con lo que en ella "ocurre". Así uno vuelve a poner los pies en la tierra, por decirlo así. En esos lapsos de desconexión, siento recuperar cierta independencia y aumentar mi lucidez, lo que no evita que extrañe profundamente a las personas con quienes suelo conversar.

Además, Internet nunca sustituirá la convivencia real. Si bien es práctico saludar vía e-mail a los amigos (disfruto mucho el intercambio de correos), no compensa la dicha de charlar con ellos en persona. Me encanta charlar vía Messenger y sostener largas conversaciones con mi interlocutor, pero no puedo verlo a los ojos ni trasmitirle fielmente mi sentir. Así que no se vale ser apático, y lo digo más que nada por mí. Desde que tengo la comodidad de conectarme he tendido a visitarlos cada vez menos, lo que irónicamente genera distanciamiento.

Hay quienes nos hacen suspirar con sus palabras y forma de ser en Internet. Pero esa impresión debe ser confrontada con la realidad para romper con los elementos ilusorios que este filtro virtual nos tiende. A su vez, debemos permitir que se nos conozca tal como somos, sin los artificios de los que aquí hacemos uso.

Divagando imaginé a las futuras generaciones que, implantadas con la idea de un entorno sintético imprescindible, no tendrán la oportunidad de elegir. Pero es imposible que se nos arrebate esa libertad. La inestabilidad de la Matrix es una ventaja: un recordatorio de que no hay que dejarse absorber por ella. Es sólo un complemento que enriquece nuestra visión del mundo, pero jamás un sustituto del mismo.

domingo, 6 de marzo de 2011

Let me see - Clannad.



Déjame contemplar futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo.

Años solitarios buscando el yermo,
¿cómo este mundo nos puede desorientar?
no me dejes llorar sobre imágenes incoloras.

No más vientos helados,
no más aguas turbulentas,
sólo perdóname,
y déjame ver.

Déjame ver el amor,
déjame ver,
déjame ver el amor,
déjame ver.

Déjame contemplar futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo.

Cruzando la habitación,
reconozco al niño en mí,
cerraré mis ojos para abandonar todos mis miedos,
silenciemos la rosa para verla de nuevo florecer.

Paso a paso, andamos,
palabra por palabra, nos relacionamos,
solo perdóname,
y déjame ver.

Déjame ver futuras generaciones,
escucharemos niños cantando rimas,
dulces memorias que se han ido,
han pasado.

Déjame ser más sabio al mirar,
déjame ver el amor a mi lado,
déjame ver el cielo...

sábado, 5 de marzo de 2011

Monólogo de Jean Claude Van Damme.

La mejor parte de JCVD, película semi-autobiográfica de Jean Claude Van Damme. Este fragmento es la esencia de la película. Una breve pero cruda recapitulación de su vida en la que narra cómo la voracidad del mundillo artístico lo rebasó; cómo su propio sueño lo esclavizó y cómo a pesar del éxito, se siente vacío. Me parece admirable su discurso. Hay que tener mucho temple para sincerarse como lo hizo él aquí y más tratándose de alguien que siempre pretendió aparentar grandeza.

Aunque este discurso aún contiene elementos de ficción, plantarse frente a la cámara y exponerse así, sin miramientos, requiere un valor que creo pocos tienen.



"...Este filme es para mí.

Aquí estamos, tú y yo. ¿Por qué lo hiciste? O, ¿por qué lo hice? Hiciste mi sueño realidad, como te lo pedí. Te prometí algo a cambio y aún no te lo he dado. Tú ganaste y yo perdí. A menos... que el camino que me hayas puesto esté lleno de obstáculos cuya respuesta se encuentra antes de la pregunta. Sí, ahora me doy cuenta. Ahora sé por qué. Es la cura para lo que he visto aquí. Todo tiene sentido. Lo tiene para aquellos que lo entiendan.

Así que... América, la pobreza, robar para comer... asediando productores, actores, "estrellas de cine", asistiendo a clubes esperando ver alguna estrella, con mis fotos y revistas de karate. Sólo eso tenía. No hablaba inglés. Pero por 20 años practiqué karate. Porque antes no era así. Este... este soy yo ahora. Solía ser pequeño y enjuto. Y adopté el karate. Y por el Dojo, por el respeto, debes creer a la gente que dice '¡Oss!' Es el código del Samurai. Es honor, no mentiras. Pero esta gente en los E.U. no es igual. Nadie te dice 'Oss'. Algunas veces, la gente en el show business dice 'vamos a fastidiarlo'. Creía en la gente, en el Dojo.

Fui afortunado y tuve muchas esposas. Siempre he creido en el amor. Es difícil para una mujer con tres niños preguntarse, '¿a cuál amo más?' Una madre... si tú tienes 5, 6, 7 o 10 esposas en la vida, cada una tenía algo especial, pero eso a nadie le importa en los llamados medios.

¿Y qué hay sobre las drogas? Cuando lo tienes todo y viajas por el mundo, cuando has estado en cada hotel, eres la prima donna del penthouse. Y en todos los hoteles alrededor del mundo, viajando, deseas algo más. Y por causa de una mujer... bueno, a causa del amor, probé un poco y quedé enganchado. Van Damme, la bestia, el tigre enjaulado, el hombre 'Bloodsport', quedó enganchado. Estaba física y mentalmente arruinado. Hasta el punto en que lo dejé. Salí de ahí. Pero... todo está ahí. Está todo ahí. Fue realmente duro.

Ví gente que se encontraba peor que yo. Pasé de ser pobre a rico y pensé, ¿por qué no pueden todos tener lo que yo, por qué los privilegios? Soy sólo un tipo común. Me pone mal ver gente... que no tiene lo que yo he tenido. Sabiendo que también ellos tienen cualidades. ¡Muchas más que yo! No es mi culpa si llegué a ser una estrella. Rogué por ello, realmente creí en ello.

Cuando tienes 13, crees en tu sueño. Bien, se me hizo realidad. Pero a la fecha me pregunto qué he hecho en este planeta. ¡Nada, no he hecho nada! Y quizá muera en esta oficina postal, esperando volver a empezar aquí en Bélgica, en mi patria, donde están mis raices. Comenzar de nuevo y recuperar mi salud, levantarme otra vez. Y realmente espero... que nadie apriete un gatillo en esta oficina postal... es tan estúpido asesinar personas. ¡Son tan hermosas! Así que hoy, le imploro a Dios.

Realmente creo que no es un filme. Es la vida real. He visto tantas cosas. Nací en Bélgica, pero soy ciudadano del mundo. He viajado mucho. Me es difícil juzgar a la gente y es difícil para ella... no juzgarme. Es muy fácil señalarme.

Sí... algo así..."

viernes, 4 de marzo de 2011

Ese aire melancólico.

Me han dicho que tengo una visión un tanto pesimista de la vida. No me doy cuenta cuando causo esa impresión, pero siempre alguien termina dándome un consejo o brindándome apoyo. Por ejemplo, en una charla que tuve sobre cómo pasar los días festivos, comenté que he pasado varios de ellos sin compañía alguna. Al poco rato una persona se me acercó y me dijo que si necesitaba con quién charlar, contara con ella.

En otra ocasión le permití a una persona leer algunos escritos míos. Me dijo que lo que escribía se leía melancólico, y que me imaginaba como un cachorro abandonado... ah, vamos, ¿qué es eso? Al revisar mis escritos no noté nada que, según yo, provocara conmiseración. Admito que tiendo a escribir sobre las cosas que me molestan. Pero, en vez de parecerle irritable o iracundo, le causé una impresión de lástima. ¿En verdad estaré tan mal y no soy capaz de observarlo?

Con los vecinos, lo mismo, particularmente con la gente mayor. Les da gusto verme y al saludarme me dicen, te ves muy bien, como si el bienestar fuera inusual en mí y les extrañara verme entero. Una vecina (en paz descanse) tenía la costumbre de poner su mano en mi mejilla, expresando así su aprecio, pero también su compasión.

Ni hablar de mis parientes. Con ellos las miradas de conmiseración son evidentes y vergonzantes. Y a pesar de mi actitud de seguridad, se me quedan viendo raro, como si se percataran de que no es mi actitud natural. Joder, ¿no se pueden tragar el anzuelo? Y esa pregunta, ¿estás bien?, con un dejo de escepticismo y mirada compasiva, es una patada en los nobles.

Por un lado es bueno saber que la gente tiene corazón y está dispuesta a darle la mano a su prójimo. Lo que me incomoda es que ese prójimo siempre resulto ser yo, por esa impresión involuntaria de minusvalía que causo en los demás. Hasta me hace pensar que me conocen mejor de lo que me conozco yo mismo. Debe ser mi actitud silenciosa, discreta. Esa marcada intención de pasar inadvertido, mi introversión.

Ok, me rodea cierto halo de negativismo, pero, ¡carajo, no es para tanto!

Este fin de semana me regalaré una caminata solitaria por ahí. Debo decir que camino con paso firme y jamás cabizbajo; eso me renueva y devuelve la dignidad.

viernes, 18 de febrero de 2011

Just listen - Above & Beyond.



Observa el campo abierto
no hay nada ahí a qué temer
siente el flujo inmediato
de toda la gente aquí

Del día a la noche y
de la noche al día
un infinito mar de opciones
si acaso pierdes el rumbo
solo escucha tu voz
sólo escucha

Tu voz...

Del día a la noche y
de la noche al día
un infinito mar de opciones
si acaso pierdes el rumbo
solo escucha tu voz
sólo escucha

Tu voz...

jueves, 17 de febrero de 2011

Gracias, Rosa.

Por medio de Oloman me he enterado del fallecimiento de Rosa, de "El Escaparate de Rosa". Su blog fue uno de los primeros que encontré cuando me inicié como blogger, y a la fecha me sigue ayudando. Algunos fines de semana escuchaba Dejotas Radio, su estación de radio online, y tuvo la gentileza de enlazarme. También tuvo el detalle de felicitarme en Año Nuevo.

Aunque no la conocí físicamente, puedo decir con certeza que era una gran persona. Pero sigue, de algún modo, presente a través de su blog.

Desde aquí, mi condolencia y apoyo a su familia y amigos.


"No te dejes abatir por las despedidas. Son indispensables como preparación para el reencuentro. Y es seguro que los amigos se reencontrarán después de algunos momentos o de todo un ciclo vital". Richard Bach.

sábado, 15 de enero de 2011

viernes, 14 de enero de 2011

Let go - Intimate Strangers.

Una canción simplona y cursi de los ochenta, que me pone invariablemente de buen humor; nunca falla.



Todos tenemos preocupaciones,
todos tenemos nuestra posición
conservamos los tiempos penosos
cuando los placeres son difíciles de obtener
y todos cometemos los mismos errores
compartimos la misma angustia
así que la próxima vez que pierdas el control

Déjalo ir, déjalo ir
permite que el mundo espiritual interior te proteja
Déjalo ir, déjalo ir
y permite que las alas del cambio te guíen

Todos tenemos quejas, tenemos competencia
tenemos días de llanto cuando los ríos se han secado
cuesta tanto ganar respeto,
y lágrimas son todo lo que obtenemos
así que la próxima vez que pierdas el control

Déjalo ir, déjalo ir
permite que el mundo espiritual interior te proteja
Déjalo ir, déjalo ir
y permite que las alas del cambio te guíen

Todos cometemos los mismos errores
y compartimos la misma angustia

Todo lo que debes hacer es dejarlo ir

Déjalo ir, déjalo ir
permite que el mundo espiritual interior te proteja
Déjalo ir, déjalo ir
y permite que las alas del cambio te guíen