viernes, 3 de diciembre de 2010

Animación suspendida.

¿Por qué, desde el mes pasado, no puedo generar ni relacionar ideas? ¿Qué me ha pasado? Es como si mi vida interior hubiese terminado. Me levanto todos los días, cumplo con los deberes y necesidades que el entorno me exige, en un estado de coma. No estoy vivo. Estoy vegetando.

Miles de pensamientos atraviesan mi mente, pero son todos vagos, insustanciales, y ninguno de ellos se concreta o resulta relevante.

La semana pasada leí un libro entero y apenas recuerdo algunas ideas básicas. ¿Qué hizo mi cerebro con 294 páginas?

Y el letargo también es emocional. No siento nada. Suelo definirme como un robot, aludiendo a mi inexpresividad, mas no a la carencia de emociones. Sólo he experimentado, en estos días, una ansiedad cuya causa desconozco, y cierta nostalgia por el año perdido que termina. Este aplanamiento es inmutable.

Sin embargo, este coma ha sido momentáneamente interrumpido por algo que suscitó en mí una curiosidad fugaz. Una insignificante variable en mi vida. Encontré en mi celular un par de llamadas perdidas (no suelo usar dicho aparatejo) de un lugar donde trabajé hace un par de años. Quizá quieran recontratarme temporalmente debido a la época, que trae consigo afluencia de clientes. Quizá sólo querían saludarme, saber cómo estoy. Como sea, me dio mucho gusto recibir ese par de llamadas que no contesté. Es grato saber que, después de 2 años, lo siguen recordando a uno, a pesar de haber sido un mal empleado.

Supongo que dejé huella en las conciencias de los que tuvieron el infortunio de trabajar conmigo.

Por supuesto, ya estoy redactando un correo a modo de saludo, anexando unas cuantas imágenes de una hermosa fémina desnuda. Después de todo, aún tengo la capacidad de reconocer la belleza. Y cuando algo me gusta quiero que todo mundo lo vea.

Para los curiosos: la modelo de la imagen se llama "Muriel".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios están siendo felizmente moderados.