sábado, 4 de diciembre de 2010

Poemas de "amor". :)

Cuánto...

Cuánto tiempo pensándote
haciendo terribles esfuerzos
incauto en tu magna belleza;
navego en mi mente ofuscada
guardando el deseo de tenerte
añoro impotente tu abrazo

ternura imposible es tu afecto
un simple deseo no cumplido;

mas siempre te tengo presente
ardid que compensa el anhelo;
docenas de cartas te he escrito
rompiendo las hojas mil veces
errante por siempre es mi apego.

* * *

Feliz por tu amor.

Vacías son mis letras lo sé;
espuria es mi alma y revelo,
tiránicamente el engaño,
embriaga aquél todo mi ser.

aún así no me prejuzgues,
lisonja servil no te ofrezco;

dispensa mi apócrifo atuendo,
intenta advertir más allá,
ahí donde mi alma es genuina,
brillando feliz por tu amor;
lumínica y sin apariencias,
ostenta sosiego y ardor.

* * *

Distancia.

Rompí las cadenas y dije,
aspiro a la ninfa más bella,
tan diáfano amor y pureza,
altivo y soberbio cual cisne.

dulzura por mí inalcanzable,
espero estrecharla algún día;

distante es su cuerpo divino,
oscuro el camino que aguarda,
sin embargo la siento conmigo;

patitas pa' qué las quiero!
andemos el trecho cuanto antes,
terruños más hoscos he andado;
amarla motiva mis pasos,
sublime designio he abrazado.

* * *

Debo decirte que...

No soy el más ingenioso,
apenas si escribo un poema;
difícil me es expresarme,
imposible jugar con las letras,
es triste y exasperante.

toda esta insulsa perorata,
es para decirte una cosa:

que eres cautivadora,
una mujer fascinante,
igual tanto ayer como ahora,
embelesado me tienes;
recuerda mi falta de ingenio,
es obra de tus vaivenes.

* * *

Tú...

Novicia pasión etérea,
otrora una vana quimera...

espuela benigna que incita a vivir,
reaviva impetusosa la llama interna;
excelso tu influjo que hará relucir,
sin empacho mi asombro ante tu gracia eterna.

Ninguna falacia pretendo,
así me figuro tu esencia;
de golpe la miro y contemplo,
ahora es tangible y certeza.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Animación suspendida.

¿Por qué, desde el mes pasado, no puedo generar ni relacionar ideas? ¿Qué me ha pasado? Es como si mi vida interior hubiese terminado. Me levanto todos los días, cumplo con los deberes y necesidades que el entorno me exige, en un estado de coma. No estoy vivo. Estoy vegetando.

Miles de pensamientos atraviesan mi mente, pero son todos vagos, insustanciales, y ninguno de ellos se concreta o resulta relevante.

La semana pasada leí un libro entero y apenas recuerdo algunas ideas básicas. ¿Qué hizo mi cerebro con 294 páginas?

Y el letargo también es emocional. No siento nada. Suelo definirme como un robot, aludiendo a mi inexpresividad, mas no a la carencia de emociones. Sólo he experimentado, en estos días, una ansiedad cuya causa desconozco, y cierta nostalgia por el año perdido que termina. Este aplanamiento es inmutable.

Sin embargo, este coma ha sido momentáneamente interrumpido por algo que suscitó en mí una curiosidad fugaz. Una insignificante variable en mi vida. Encontré en mi celular un par de llamadas perdidas (no suelo usar dicho aparatejo) de un lugar donde trabajé hace un par de años. Quizá quieran recontratarme temporalmente debido a la época, que trae consigo afluencia de clientes. Quizá sólo querían saludarme, saber cómo estoy. Como sea, me dio mucho gusto recibir ese par de llamadas que no contesté. Es grato saber que, después de 2 años, lo siguen recordando a uno, a pesar de haber sido un mal empleado.

Supongo que dejé huella en las conciencias de los que tuvieron el infortunio de trabajar conmigo.

Por supuesto, ya estoy redactando un correo a modo de saludo, anexando unas cuantas imágenes de una hermosa fémina desnuda. Después de todo, aún tengo la capacidad de reconocer la belleza. Y cuando algo me gusta quiero que todo mundo lo vea.

Para los curiosos: la modelo de la imagen se llama "Muriel".

jueves, 2 de diciembre de 2010

Por encima de todo.

Nacida para reptar, la bestia contemplaba impotente el cielo. Envejecida y enferma, vivía orgullosa en lo más hondo de su nido, conforme con su profundidad. Aunque enfrentaba la extinción, aspiraba a expander su dominio. Acechando, invadiendo y atacando, traía la inmundicia consigo. Hambrienta y desesperada, salió un día en busca de alimento, evitando la luz del Sol, que odiaba.

Entonces del cielo bajó un ave que se posó cerca suyo a descansar sus jóvenes alas, pues éste era uno de sus primeros vuelos. La bestia observaba. En un vigoroso aleteo, una pluma se desprendió de su plumaje, e hirió los ojos de la bestia, quien fingió no ser herida.

El ave retomó su vuelo, y la bestia regresó a su nido, desmentida por aquél encuentro. La obsesión se apoderó de ella y no podía dejar de pensar la existencia de aquél ave, de su vuelo en libertad, de su soberbio plumaje. De esta apreciación surgió el temor y el resentimiento. Pronto se unió con los suyos, les compartió su sentir y les dijo:

Ese ave que ronda por aquí, toma lo que nos pertenece y su presencia nos hace inferiores. Ella es culpable de nuestra condición y quiere destruirnos. Está en contra nuestra y nos ha causado mucho daño. Pero nuestra fuerza reside en la colectividad y juntos podemos hundirle. Sólo cuando deje de existir viviremos en paz.

Persuadidos por el rencor, asintieron. Planearon y esperaron pacientemente, para destronar al ave.

Llegó el momento esperado. Apenas se posó el ave, las bestias arremetieron contra ella, disfrutando con malicia por su desconcierto. Inexperta, no sabía del mal, solo de la independencia y la libertad. Sin darse cuenta fue abatida y hundida en la tierra. Al ver sus alas destruidas, dudó de sí misma, creyó en el mal y dejó de ver al cielo. Su visión se tornó difusa. Permaneció inmovilizada y temerosa. Las bestias celebraban a su alrededor y dijeron:

Hemos vencido al ave que tanto daño nos ha causado y ya nadie la verá volar.

El cielo se nubló e inició una tormenta. Las bestias se resguardaron. El ave creía sofocarse en el fango y se desplomó, esperando la muerte. Jamás pensó terminar así.

Pero la muerte no llegaba. El ave no podía morir. Y pensó:

Por más que oscurece el cielo, sigo aquí. He sido abatida, sepultada y no he muerto. ¿Qué se necesita para yo morir?

Aguzando su visión, se dijo:

¿Acaso fui creada para permanecer inmóvil, compadeciéndome?

Las bestias no hablaron; yo escuché. Las bestias no me intimidaron; yo fui ignorante. Las bestias no me destruyeron; yo creí.

¿Quién tiene el poder?


Súbitamente, el ave se levantó, descubriendo un plumaje distinto. Las bestias, que jamás podrían dejar de ser lo que eran, bramaron:

¡No debes levantarte, regresa a tu condición!

La rodearon, la embistieron y la atacaron, pero el ave ya no se hundía. Comenzaron a fatigarse. El ave dijo:

Su actuar surge del miedo, ¿a qué le temen?

Sacudió sus alas con tal intensidad que todo lo hizo a un lado y se elevó. Superó las alianzas, las nubes, la tormenta, las ilusiones y alcanzó un cielo despejado. En lo alto observaba todo debajo de sí, y se sintió libre e inalcanzable. La luz del Sol la tocó. Y dijo:

Esos ataques, en los que creí y que consideré un mal, han fortalecido mis alas y afinado mi visión. Ahora puedo volar más alto.

Un verdadero ave no permanece pasiva, arrastrada por la inercia del viento suave y el vuelo fácil; un verdadero ave bate sus alas en la tormenta, se sumerge, la desafía y se mide con ella. Podrá extinguirse pero no sucumbir, y será testigo de su propia fuerza.


Y descendió de nuevo para ponerse a prueba, para hacerse fuerte.

Las bestias se propusieron derribar al ave definitivamente. Pensaron que destruyendo los recursos del ave, destruirían al ave. Pero los recursos de ésta no se encontraban afuera. Ella siempre podría elevarse a voluntad, y realizar hazañas que las bestias jamás podrían, por su naturaleza reptante. El ave se posó frente a las bestias y por más que intentaban hundirla no lo conseguían. Su persistencia les denigraba. Al atacar al ave no se hacían mejores, ni fuertes, ni nobles. Habían consagrado su vida al ave, y se encontraban desgastadas y envenenadas por su propio mal. El ave les dijo:

El verdadero daño les fue causado por aquél que ha apelado al mal que hay en ustedes para consumar el suyo. Se oculta tras de ustedes y se hunden con él.

Confundidas, se hicieron a un lado y retrocedieron. La tormenta cesó y la bestia impotente quedó sola con su mezquindad. El ave regresó triunfante a donde pertenecía. Aprendió a transformar el mal en bien y a elevarse por encima de todo.