martes, 26 de octubre de 2010

Desperado - The Eagles.



Forastero,
¿por qué no vuelves a tus cabales?
has cabalgado durante mucho tiempo
oh, eres un tipo duro
sé que tienes tus motivos
esas cosas que te complacen
pueden herirte de algún modo

¿No sacaste la Reina de Diamantes, chico?
te vencerá si puede hacerlo
sabes que la Reina de Corazones
es siempre tu mejor apuesta

Ahora me parece, que algunas cosas buenas
se han puesto sobre tu mesa
pero sólo quieres aquellas que no puedes obtener

Forastero,
oh, ya no eres tan joven
tu dolor y tu hambre, te están guiando a casa
y la libertad, oh libertad, bueno,
es sólo algo de lo que la gente habla
tu prisión es andar por este mundo solo

¿No se enfrían tus pies en días de invierno?
el cielo no nevará y el sol no brillará
es difícil distinguir la noche del día
estás perdiendo tu guía
¿no es curioso cómo los sentimientos desaparecen?

Forastero,
¿por qué no recapacitas?
desciende de tu valla, abre la puerta
puede estar lloviendo,
pero hay un arcoiris sobre tí
más vale que dejes que alguien te ame,

[deja que alguien te ame]

más vale que dejes que alguien te ame,
antes que sea demasiado tarde.

domingo, 10 de octubre de 2010

La tempestad.

No tengo mucho qué decir estos días, pero quisiera rescatar otra entrada de mi primer blog:

—10 de junio de 2009

Cuando la tempestad se impone, retrocedemos y nos internamos buscando refugio. Aunque en el fondo sabemos que el refugio no es muy seguro y que la tormenta puede tocarnos, confiamos en él y a él nos aferramos porque es lo único que tenemos en ese momento, mas no lo mejor. La tormenta parece ensañarse. Pero se aclara el cielo, y vemos que hemos sobrevivido sin entender cómo lo hicimos; es un milagro y nos sorprende. Cierto orgullo y satisfacción nos alcanzan, pero son opacados por el temor de una próxima tormenta, más feroz que la anterior, y la duda de repetir el milagro otra vez.

Así andamos el camino, con esa astilla en el alma por guía que hace inseguro nuestro paso. Perdemos ese caminar decidido y arriesgado, falto de consideración, y hasta llegamos a arrepentirnos de ese andar desafiante de antaño, tan expuesto; y nos entregamos a un torpe andar que, cuanto más discreto, más corto y limitado. Cada paso resignado le imprime temor a nuestra alma y la va matando poco a poco.

Nuestro coraje se convierte en un recuerdo. Y toman su lugar la duda y la resignación.

Si volteamos hacia nuestras huellas veremos que no existen. Porque el andar de un muerto es falso: se engaña que avanza con rumbo pero no va hacia ningún lado. Así muere quien camina huyendo, sin saber que la tormenta venía a salvarlo. Ella es el umbral de una fortaleza sólida, más sólida que cualquier refugio incierto. El verdadero milagro no consiste en resistirla, sino entregarse a ella.

martes, 5 de octubre de 2010

"Vida, nada me debes; Vida, estamos en Paz".

Esta es la primer entrada que escribí. La rescato de mi primer blog, que he eliminado.

—1 de febrero de 2009.

Que me perdone el Señor Amado Nervo por el título, pero fué lo primero que me vino a la mente cuando me dí la vuelta y me fuí; resume a la perfección cómo me sentí en ese momento.

He aprendido que el tiempo contribuye a interiorizar las experiencias, y no solo las malas. También las buenas están cargadas de emociones, algunas muy fuertes; depende de la importancia del evento... o más bien del valor que se le dé. Se puede ser objetivo con respecto a la experiencia, si quiere uno liberarse de su influjo; yo prefiero que atraviese mi alma, dejarme absorber por ella y las emociones que conlleva, y ser objetivo después.

Hoy se cumplen 8 días de una experiencia que objetivamente, no es de gran importancia. Pero para mí significa mucho. Y así será para toda mi vida. No quisiera reducirla a un simple enamoramiento, o a solo un juego de química cerebral, testosterona, etc; tampoco a una obsesión o un proceso hipnótico. Está muy lejos de ser solo eso.

No encuentro otra forma de explicarlo: "Desde que la ví..." El resto ya es conocido: pensar en ella todo el tiempo, alimentando con ello la fantasía. No quisiera ser concreto, pero debo. Por diversas circunstancias conocí de vista a una chica hermosa. Es lo más común ver una bella chica caminando, pasar a su lado y no volver a verla jamás. Pero las cosas cambian cuando te regresa la mirada y te sonríe. Entonces la mente y el corazón se desbocan, el equilibrio se pierde, y todo pasa a segundo plano. Una mujer bella tiene el poder de exaltar y crear fuego en el alma de un hombre, con solo una mirada. Y ese fuego se mantiene cuando el encuentro se repite y se vuelve recurrente. De ese fuego surge el amor platónico.

Cualquiera, cualquier otro haría lo que es lógico: saludarla y entablar amistad con ella. En mi caso no fué así, y nunca lo ha sido. Siempre me he caracterizado por una timidez extrema en este tipo de asuntos, y ello me ha privado de las debidas experiencias. Así que inexperto como soy en estos asuntos, nunca me atreví a dirigirle la palabra, pero ya que de alguna forma, el contexto y personas en común nos unían, casualmente supe su nombre y un poco de su vida. Lo poco que uno sabe sobre su amor platónico es sobrevalorado y contribuye a su idealización. Así, descarté racionalmente toda posibilidad de conocerla al considerarla inaccesible, como un ser más allá de lo mundano; me limité a soñar con ella y la convertí en el centro de mi vida interior.

Después, de nuevo por diversas circunstancias, dejé de verla... mas no de evocarla en mi mente, temeroso de olvidar su rostro, su sonrisa, su gracia, sus ojos. El amor platónico, lejos de apagarse, me consumía por dentro y a veces hasta deseaba no haberla conocido. Me arrepentí de no haber entablado amistad con ella como lo hubiera hecho cualquiera, me reproché mi cortedad y falta de valor. Mi mente apasionada comenzó a contemplar la posibilidad de establecer un vínculo con ella, y a través de ese vínculo, una reconciliación con la vida misma. Llegué a frecuentar los rumbos por los que ella pasaba, esperando tropezar "casualmente" con ella; soñaba con ese encuentro, lo diseñé en mi mente con una precisión demoniaca y a eso dediqué mi obsesivo pensamiento hasta que ese encuentro se dió, un año después.

"Si me hubiera desenvuelto mejor, si le hubiera dicho algo más, si lo hubiera hecho antes, si hubiera..." No importa. Se dió por fín y punto. Ya sabemos que las cosas nunca suceden como uno supone, no importa cuánto se planeen. Me había propuesto conducirme como el que es experimentado y se mueve en territorio conocido, para no revelar mi inexperiencia ante ella. Pero no puede haber nadie más torpe que yo, así que solo me acerqué a ella e hice lo que pude... aunque me temblaran las piernas. Aún así, la vida me favoreció esta vez, porque me hizo dar con ella de nuevo.

Para ella habrá sido un incidente trivial que posiblemente ya ha olvidado. Para mí, uno de los días más importantes de mi vida. Porque fuí más allá de mí mismo. Superé mi más grande obstáculo interno. Me siento satisfecho porque la volví a ver. Y me siento restaurado porque ya no tengo ese vacío de no saber cómo estará o qué será de ella. Con esto me basta y sobra. Podría pensarse que me será más fácil la próxima. Pero solo lo hice aquella vez y no lo volveré a hacer jamás. El valor que surgió en mí aquel día lo necesitaba solo para con ella y ya no me hace falta. La ilusión que durante un año alimenté se tornó realidad. Curiosamente no me siento feliz, más bien me vuelco a la reflexión. Encontrarse con la mujer anhelada y atreverse a platicar con ella, transformar por propia iniciativa, algo "imposible" en tangible cuando uno no cree poder hacerlo, genera toda una revolución de emociones. No es algo fácil de digerir, uno se queda impresionado. Y aunque nunca podré estar con ella, no importa. Lo que importa es que ella sea feliz.

Oportunidades para enamorarse se dan todos los días y en cualquier parte, pero esto es algo que un ser hermanado con la soledad no percibe de inmediato, porque simplemente no forma parte de su mundo. Posiblemente en su juventud la vida le haya regalado ciertas tentativas grises, pero él las abandonó sin casi proponérselo y olvidó pronto. Y si acaso alguna oportunidad se le presenta ahora, la deja pasar con indiferencia pensando en otra cosa... o se entrega por completo a ella, a su modo. Por eso es difícil describir lo que sucede dentro del hombre fraguado en soledad, que siempre se ha privado de fuertes sentimientos y de repente se enamora. Confiaba tanto en su frialdad, su forma práctica de tratar con la vida, y así, inesperadamente es traicionado por su propio corazón.

Lo recuerdo y es como un sueño, pero no lo es. La vida hizo su parte, yo hice la mía...

y sucedió.


Aquella chica se llamaba Montserrat.